Bilingüismo: las 8 cosas que ocurren en tu cerebro cuando aprendes otro idioma

“La neurociencia es a la educación lo que la biología es a la medicina y la física a la arquitectura”. Con esta cita de Manfred Spitzer, el doctor Matt Davis, líder del Grupo Discurso y Lenguaje de la Unidad de Ciencias del Conocimiento y del Cerebro de la Universidad de Cambridge sintetizó la utilidad de su trabajo durante la primera ponencia de su conferencia en la que habló de las bondades de aprender más de un idioma, que dio comienzo el pasado lunes en Salamanca organizada por Cambridge English, en un acto que tuvo lugar en el aula magna del Palacio de Anaya.

Davis es un pionero de la utilización del MRI o resonancia magnética en su aplicación a la educación, y ha llevado a cabo una larga serie de investigaciones para averiguar de qué manera reacciona nuestro cerebro cuando aprende otro idioma…. O dos. Aunque hay muchas cosas que aún quedan fuera del alcance de su investigación –como explica a El Confidencial, no sabe exactamente qué ocurre cuando un niño aprende tres idiomas desde su infancia, como puede ocurrir con algunos niños catalanes, aunque sospecha que pueden tener la misma facilidad que los hijos del bilingusimo-, cree que hay ciertas verdades que han sido lo suficentemente demostradas como para poder afirmarlas con rotundida y otras cuya intuición probablemente le conduzca a refrendar en algún estudio.

Es interesante para aprender un idioma que las clases de arte y gimnasia se den en ese idioma

Por ejemplo, que la lengua condiciona la forma en que percibimos el mundo, incluso en niveles muy sutiles (el número de colores que podemos percibir), o que los bilingües probablemente almacenen el conocimiento sobre dichas lenguas en la misma región del cerebro, lo que provocaría una comunicación mayor entre ambas. Un consejo general para el aprendizaje del idioma: ya que aprendemos la lengua unida a los objetos del mundo y a nuestros sentimientos, quizá sería interesante adquirir la lengua en asignaturas relacionadas con el movimiento y la acción. Es el método que utilizan en un colegio bilingüe inglés-español de Brighton, donde las clases de arte y gimnasia se dan en español.

Lo que está fuera de ninguna duda es que los bilingües tienen un mayor número de ventajas que aquellos que conocen un único idioma. Pero, ¿cuáles son estas y de qué manera funciona la materia gris cuando aprendemos?

1. Los bilingües tienen cerebros más grandes

El tamaño no es lo que importa, pero la realidad es que el lóbulo parietal inferior izquierdo, que es el que está relacionado con el conocimiento de un segundo idioma, es mayor en las personas bilingües. Otro dato más: cuanto antes empecemos a aprender este idioma (sobre todo, si lo hacemos en la infancia), más estimularemos dicha región del cerebro.

2. El idioma es aprendido mejor por cerebros jóvenes

Davis cita una interesante investigación realizada por James Flege, que estudió el manejo del idioma entre los inmigrantes americanos, para explicar cómo la edad es esencial a la hora de adquirir una nueva lengua. Este se dio cuenta de que, cuanta más edad tenían los exiliados al llegar a su país destino, estos aprendían peor el idioma. Una peculiaridad de este aspecto es que, como señaló un estudio realizado en 2004 por Patricia Kuhl, los niños más pequeños sólo aprenden de su relación directa con el idioma, y no a través de los medios de comunicación. Ello quiere decir que la radio y la televisión apenas producen ningún beneficio. Se trata de un proceso semejante al que llevan a cabo los pájaros cantores.

3. El sentido de las palabras se almacena en sistemas motores

Ciertas palabras activan en el cerebro zonas semejantes (el córtex motor y premotor) a las que son estimuladas cuando realizamos actividades físicas, como mover la lengua, los brazos y las piernas. Es lo que ocurre con verbos como “correr”, “coger” o “lamer”, que implican acción. La investigación llevada a cabo por Hauk, Johnsrude y Pulvermuller en 2004 puso de manifiesto que nuestro lenguaje y nuestro cuerpo están más unidos de lo que solemos pensar. Hablar es moverse.

4. El aprendizaje continúa mucho después de salir de clase

¿Recuerdan aquella frase hecha tan de madre que decía que para aprender hay que descansar bien? Tenía bastante razón. Según una investigación realizada por el propio Davis, descansar correctamente era esencial para que un grupo de alumnos incorporase a su lenguaje las palabras que habían aprendido el día anterior. En otras palabras, aunque tu cuerpo descanse, tu cerebro no lo hace durante el sueño: es la conocida como polisomnografía.

5. La diferencia entre aprender la lengua materna y la segunda lengua

El cerebro se comporta de manera muy distinta en el aprendizaje de un segundo idioma que en el primero, si los aprendemos en distintas épocas de nuestra vida. Al aprender nuestra primera lengua, solemos utilizar fácilmente las reglas gramaticales, aunque en muchas ocasiones, no seamos capaces de explicarlas ya que son explícitas. En la segunda, el conocimiento gramatical es explícito, como solemos aprender otro idioma, y necesitamos conocer sus reglas de antemano. Sin embargo, si aprendemos ambas lenguas al mismo tiempo, la misma zona cerebral relacionará ambas lenguas y las pondrá en contacto para generar esquemas más complejos.

6. ¿Por qué nos resultan tan difíciles los false friends?

Davis propone un peculiar experimento. En él, leemos la palabra «verde» pintada de verde, la palabra “azul” pintada de azul, la palabra “amarillo” pintada de amarillo… Y luego, la palabra “azul” pintada de verde, o la palabra “amarillo” pintada de azul, algo que provoca confusión en el auditorio. Estamos recibiendo informaciones contradictorias, y algo semejante ocurre con los false friends o esas palabras que se parecen a una de nuestro idioma pero significan algo completamente distinto. Las palabras compartidas en un idioma se procesan más rápidamente («idea» en español y en inglés), y los falsos amigos, de forma mucho más lenta, puesto que se produce una competición en la que uno de los sentidos del significante terminan ganando la partida sobre el otro.

7. Bilingüismo contra el alzhéimer

Conocer dos idiomas es importante tanto para los niños como para los adultos. Aunque en un primer momento aprender dos lenguas puede ralentizar el aprendizaje, a la larga forma una importante reserva cerebral, especialmente útil a la hora de combatir la degeneración cognitiva. Davis recuerda que el bilingüismo puede llegar a retrasar cuatro años la enfermedad de Alzheimer.

8. Hacer exámenes mejora el aprendizaje

Uno de los debates más frecuentes en la comunidad educativa es el que se pregunta sobre si es preferible estudiar una y otra vez o realizar exámenes, que en dicho caso no servirían sólo como herramienta de evaluación, sino también de aprendizaje. Así que Davis realizó distintos experimentos: en uno, los niños estudiaban una y otra vez y repetían los exámenes, en otro se examinaban sólo de aquello en que habían fallado, en otro de toda la materia… Cuál sería la sorpresa del autor que los alumnos aprendían más haciendo tests sobre todo, tanto aquello que habían acertado como aquello en lo que habían fallado.

 

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Fuente: el confidencial

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